Transición del vehículo eléctrico: la realidad se pone al día con la política

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El ambicioso esfuerzo por eliminar los automóviles de gasolina y diésel para 2035 en Europa, e incluso antes en el Reino Unido (para 2030), enfrenta importantes vientos en contra. Los cambios políticos recientes, en particular la revocación por parte de la Unión Europea de su prohibición de 2035, indican un creciente reconocimiento de que una transición completa a los vehículos eléctricos (EV) no es factible para todos los conductores en el corto plazo.

La cuestión central no es la capacidad tecnológica, sino las realidades prácticas. Los vehículos eléctricos puros siguen siendo inaccesibles o inadecuados para un gran segmento de la población. Esto es particularmente cierto para quienes viven en apartamentos o áreas densamente pobladas sin infraestructura de carga privada. Las estaciones de carga públicas, si bien están disponibles, a menudo tienen precios inesperadamente altos y opacos, lo que socava la promesa de ahorro de costos de los vehículos eléctricos. Incluso los proveedores de energía están ajustando las tarifas de carga en horas valle, erosionando aún más el incentivo financiero.

Los vehículos híbridos, en particular los híbridos enchufables, ofrecen actualmente el compromiso más viable. Cubren la brecha entre los motores de combustión tradicionales y la electrificación total, proporcionando flexibilidad y asequibilidad. Muchos conductores, especialmente aquellos que valoran la simplicidad o se oponen a los mandatos gubernamentales, seguirán prefiriendo los coches tradicionales con motor de combustión interna (ICE).

La insistencia del Reino Unido en mantener su prohibición de 2030, mientras la UE la retrasa al menos hasta 2040, crea una situación peculiar. Los consumidores británicos pueden recurrir cada vez más a los concesionarios de Europa continental para comprar vehículos ICE, eludiendo las restricciones nacionales.

El panorama político está cambiando y se reconoce que forzar una transición antes de que la infraestructura y la asequibilidad se alineen sólo frustrará a los consumidores y creará lagunas jurídicas no deseadas.

La decisión de la UE de posponer la prohibición confirma lo que muchos sospechan desde hace mucho tiempo: un cambio completo e inmediato a los vehículos eléctricos no es realista. Esto no significa que los vehículos eléctricos vayan a desaparecer, sino más bien que el ritmo de adopción debe estar alineado con las necesidades de los consumidores y las limitaciones prácticas. En última instancia, el mercado, no la política, dictará la velocidad del cambio.