En 1968, Toyota hizo una declaración: Japón no sólo estaba construyendo automóviles asequibles, sino que estaba construyendo autos deportivos deseables. El 2000 GT, probado por Car and Driver ese año, fue un desafío directo a leyendas europeas como Porsche y Jaguar. No se trataba sólo de fabricar un coche; se trataba de demostrar que una nueva potencia automotriz había llegado para quedarse.
Un automóvil diseñado para los ricos… y los delgados
La llegada del GT coincidió con una economía en auge, pero su diseño no era para todos. Como lo expresó sin rodeos la revisión original, las dimensiones compactas del automóvil favorecían a aquellos que realmente podían caber dentro. Esto no fue un accidente; Toyota apuntaba a un comprador específico y adinerado. El 2000 GT fue una declaración de exclusividad, incluso si eso significaba dejar atrás a los conductores más grandes.
Ingeniería y Atención al Detalle
Toyota no reinventó la rueda, sino que refinó los conceptos existentes. El GT utilizaba un chasis central (como el Lotus Elan), un motor de seis cilindros con doble árbol de levas (similar al Jaguar) y una transmisión de cinco velocidades totalmente sincronizada (como el Porsche). La magia no estaba en la innovación, sino en la ejecución. El automóvil fue construido con meticuloso cuidado, un sello distintivo de la fabricación japonesa que lo distingue.
Equipo estándar que significaba negocio
A diferencia de los competidores que compraban níquel y diez centavos, el 2000 GT venía cargado. Frenos de disco asistidos, un volante con borde de madera, llantas de aleación de magnesio, un diferencial de deslizamiento limitado e incluso una radio con sintonización de búsqueda eran todos estándar. El mensaje era claro: Toyota no estaba jugando. Se trataba de un coche deportivo serio con un equipamiento serio.
Una búsqueda de autos de prueba en California
Adquirir un vehículo de prueba no fue fácil. La búsqueda llevó a Car and Driver a Toyota de North Hollywood, donde el propietario permaneció sorprendentemente tranquilo mientras los evaluadores anunciaban su plan ampliado de “préstamo”. Esta actitud indiferente subrayó el creciente atractivo del automóvil, incluso entre aquellos con intenciones dudosas.
Dirigiendo el imán de atención
El 2000 GT no sólo conducía; exigía atención. El sonido del escape era inconfundible y llamaba la atención donde quiera que pasara. Si bien era rápido, no era un vehículo furtivo. El coche era un espectáculo, una invitación a las miradas y la reverencia.
La transmisión: una oportunidad perdida
La transmisión de cinco velocidades era el mayor defecto del coche. El cambio requería un esfuerzo excesivo, lo que restaba impulso y hacía que la experiencia fuera torpe. El cambio de primero a segundo fue particularmente discordante, dejando al motor tosiendo y dando bandazos. Para un automóvil que buscaba refinamiento, la transmisión era un punto débil evidente.
Rendimiento del motor: prometedor pero no perfecto
El motor de seis cilindros en línea de 2.0 litros era capaz y entregaba un tiempo de cuarto de milla de 16,3 segundos a 87 mph. Aunque respetable, no amenazó la competencia europea establecida. Toyota claramente tenía planes más grandes: los rumores sobre una versión de 3.0 litros insinuaban ambiciones futuras.
Manejo y comodidad de marcha: sorprendentemente buenos
A pesar de su baja estatura, el 2000 GT ofrecía una conducción sorprendentemente cómoda. Toyota logró un equilibrio entre manejo y usabilidad, evitando la suspensión dura como una roca de muchos autos deportivos. El coche estaba bien equilibrado, aunque los radiales Dunlop tuvieron dificultades para proporcionar un agarre constante.
Dirección: demasiado sensible para algunos
La rápida relación de dirección hizo que el coche respondiera, pero también se pusiera nervioso. Un estornudo podría desviarte del rumbo. Si bien era ideal para las carreras, resultaba demasiado sensible para la conducción diaria. Los ingenieros habían priorizado la precisión sobre la previsibilidad.
Frenos: Decepcionantes para un coche deportivo
A pesar de tener frenos de disco en las cuatro ruedas, las distancias de frenado fueron decepcionantes. El sistema carecía de la potencia que se esperaba de un automóvil de alto rendimiento y una rueda tenía tendencia a bloquearse prematuramente. Toyota había pasado por alto un aspecto crítico de seguridad y desempeño.
Interior: hermoso pero restrictivo
El interior estaba bien diseñado y ejecutado, pero era estrecho. Los conductores más altos se encontraban incómodamente cerca del techo, y la falta de soporte para los muslos de la pierna derecha hacía que los viajes largos fueran tediosos. El coche priorizó la estética sobre la ergonomía.
Una declaración audaz de Japón
El Toyota 2000 GT no fue perfecto, pero fue una declaración audaz. Demostró que Japón podía construir un auto deportivo de clase mundial, incluso si eso significaba desafiar las normas establecidas y frustrar a algunos conductores en el camino. El legado del automóvil no se trataba sólo de velocidad; se trataba de ambición y voluntad de alterar el status quo.
